El avance de la chicharrita del maíz, conocida científicamente como Dalbulus maidis, ha recuperado fuerza en los últimos días debido a las altas temperaturas registradas en el país durante el invierno. Según el último informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, publicado el 21 de febrero de 2026, se detectó un aumento en las poblaciones de este insecto en la mayoría de las regiones del país, particularmente en cultivos de maíces tardíos. Este fenómeno ha generado preocupaciones en la industria agrícola, ya que la chicharrita puede causar daños significativos a los cultivos si no se aborda adecuadamente.
El informe señala que el incremento en la presencia de la chicharrita está vinculado principalmente a las temperaturas elevadas y a la amplia extensión de cultivos de maíces tardíos. Estas condiciones favorecen la reproducción y la dispersión del insecto. En el centro sur del país, sin embargo, se observa una mayor ausencia de este problema, lo que sugiere una posible adaptación específica de las poblaciones locales a las condiciones climáticas de esa región.
Los especialistas en agricultura destacan que la chicharrita del maíz pertenece a un complejo de daño conocido como el 'complejo del achaparramiento', un fenómeno que afecta la producción de maíz en múltiples regiones. Este proceso, caracterizado por la pérdida de calidad y cantidad en los cultivos, puede llevar a una reducción drástica en los rendimientos si no se implementan medidas preventivas tempranas. La incidencia de este problema en áreas con cultivos de maíces tardíos es especialmente crítica, ya que estos cultivos suelen ser más susceptibles a las presas de este insecto.
Según datos recientes, en el norte santafesino y en el nordeste del Chaco, se han registrado casos de mayor incidencia de la chicharrita, lo que indica una necesidad urgente de aplicar controles preventivos. Los expertos recomiendan la implementación de sistemas de vigilancia activa, como el uso de pesticidas selectivos y la rotación de cultivos, para minimizar los daños. Además, la colaboración entre agricultores y organizaciones de control de plagas es crucial para la gestión efectiva de esta situación.
El análisis realizado por el Instituto Nacional de Agricultura indica que el aumento en la presencia de la chicharrita podría estar relacionado con el cambio climático. Las temperaturas más altas durante el invierno en zonas que antes no presentaban este problema han permitido que el insecto se expanda a áreas que antes eran menos propensas a su presencia. Esto sugiere que la adaptación de las poblaciones de chicharritas a condiciones climáticas más variables podría ser un indicador importante de los efectos del cambio climático en las prácticas agrícolas.
Las recomendaciones de las autoridades agrícolas incluyen el uso de tecnologías de inteligencia artificial para predecir las zonas más vulnerables, así como la capacitación de técnicos en el manejo de plagas. Estas medidas, combinadas con