El tiempo puede intentar difuminar los recuerdos, pero ciertos eventos permanecen grabados a fuego en la memoria. Para Marixa Balli, el año 2000 no es solo un número, sino el año de un antes y un después marcado por un trágico accidente automovilístico y una serie de premoniciones que aún la persiguen.
Marixa viajaba por la ruta 2 junto a su pareja, Mariano Fischer, cuando la fatalidad se cruzó en su camino. Un vuelco brutal les cambió la vida para siempre. Mariano falleció en el acto, mientras que Marixa sobrevivió de milagro. Pero la historia no termina ahí. Antes del accidente, extrañas señales presagiaban la tragedia, añadiendo un escalofriante capítulo a este relato.
La Advertencia Premonitoria
En una reciente entrevista en el programa 'Sería Increíble' de OLGA, Marixa Balli compartió un relato estremecedor sobre las advertencias que recibió antes del fatídico viaje. Una semana antes, una peluquera del canal donde trabajaba, conocida por sus visiones, le hizo una advertencia que la dejó helada: "Veo mucha sangre". Estas palabras resonaron en su mente durante toda la semana, perturbando su tranquilidad.
Pero no fue solo la advertencia verbal. La peluquera también le entregó una estampita de la Virgen Desatanudos, que Marixa solía llevar consigo. Sin embargo, en el viaje de regreso, algo cambió. En una parada en Castelli, sintió una premonición aterradora: "No llego a Buenos Aires", le dijo a su pareja, con una certeza que la asustó.
El Relato del Horror
A pocos kilómetros del peaje, Marixa comenzó a sentir un frío intenso, un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza. "Empecé a temblar. Pasó algo en esa cabina, se congeló", relató. Momentos después, el auto volcó, sumiéndolos en una pesadilla que se cobró la vida de Mariano y dejó a Marixa luchando por sobrevivir.
La historia de Marixa Balli es un recordatorio de que a veces, la vida nos envía señales que no podemos ignorar. Ya sea por casualidad o por designio, estas premoniciones nos invitan a reflexionar sobre el destino y la fragilidad de la existencia.
La bailarina, aún conmovida por el recuerdo, reflexiona sobre la importancia de escuchar a nuestro instinto y de valorar cada momento. Su testimonio es un llamado a la precaución y a la fe, una historia de supervivencia y de segundas oportunidades.
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